domingo, 29 de abril de 2012

BELLEZA

¿Qué es la belleza? ¿Es algo intrínseco al objeto aprehendido  por los sentidos o depende exclusivamente de la persona que lo percibe?  ¿Podemos hablar de LA belleza o debemos conformarnos con hablar de (LO) bello?  Los cirujanos plásticos defenderían la primera opción, Tomohiro Ishizu y Semir Zeki, en "Toward a Brain-Based Theory of Beauty"* , se inclinan por la segunda,  la que hace cierto el aserto latino: "De gustibus non est disputandum, arrojando a la belleza al terreno de lo subjetivo y vinculándola a cada individuo, a un momento y a un lugar precisos. De este modo, según estos mismos investigadores, factores como la cultura y la educación recibida pasarían a tener una importancia diferente de la que se les asignaba hasta ahora al hablar de la belleza. La base de su propuesta está en que han encontrado que cuando una persona considera que algo es bello se activa una zona de su cerebro conocida como corteza orbitofrontal medial (COFm/en inglés mOFC) y que (y esta es la clave de su razonamiento) esta zona se activa en cada individuo ante estímulos visuales y auditivos diferentes, es decir, en unos al escuchar a Mozart y en otros al escuchar un concierto de rock duro, por poner un ejemplo. Así que no habría algo llamado "belleza", algo que se manifestaría en forma de armonía, ritmo, equilibrio, o factores como estos, con los que se la ha relacionado tradicionalmente. Lo bello sería algo que atribuimos a los objetos independientemente de sus características objetivas



Cierto es que el estudio de estos investigadores nos permite hablar del "concepto de belleza", considerarlo como un constructo que puede ser medido y objetivado, al informarnos de que hay un lugar del cerebro que se activa al percibir algo que nos parece bello, es decir, el constructo tiene una correspondencia unívoca en nuestro cerebro. Sin embargo, no creo que se pueda reducir el asunto a una mera cuestión subjetiva solo por el hecho de que en cada individuo esa zona se active por estímulos diferentes.  Este interesante descubrimiento me recuerda dos cosas, la primera, carente de interés para la ciencia, imagino, es "el tercer ojo" de los orientales; la segunda, el caso de Phineas Gage cuyo accidente le produjo problemas de conducta al lesionarle precisamente esta zona del cerebro. Este último caso me lleva a reflexionar sobre el hecho de que la cuestión relevante no sería tanto preguntarse dónde "está"  la belleza, si dentro o fuera del individuo,  sino ¿por qué "está" allí (sería más apropiado decir por qué se "refleja" allí) , en esa zona del cerebro, y no en otro lugar del mismo? Identificar el "lugar" en el que se produce un fenómeno con el fenómeno mismo es algo así como confundir la inteligencia con el cerebro o, por poner un ejemplo prosaico (y desgraciadamente muy de actualidad), identificar el "banco" con el edificio de la esquina. Más adecuado, pues, sería preguntarse: ¿qué procesa esa zona del cerebro para que se active cuando consideramos que algo es bello? ¿Qué implicaciones tiene dicha activación?










Creo que, a pesar de que activen esa zona estímulos aparentemente opuestos como los propuestos, todavía podría ser posible encontrar elementos comunes a ambos que explicarían por qué la activan. Si consideramos más de cerca sus funciones (véanse entre otros los trabajos  de A. Damasio y J.M. Fuster), encontramos que la corteza orbitofrontal medial se ha relacionado con la toma de decisiones y la formación de expectativas, con la planificación de la conducta,  con la monitorización, el aprendizaje y el recuerdo del valor de recompensa de los reforzadores. Se ha propuesto también que desempeña un papel en la mediación subjetiva de la experiencia hedónica, en la integración sensorial y en la representación del valor afectivo de los reforzadores.  Así que, por lo que parece, sí habría factores objetivos implicados (premio, castigo, placer, etc.) que, además,  nos llevarían al terreno de la ética al relacionar directamente lo bello con conductas aceptables e inaceptables, y también del hedonismo (filosofía de vida entre los humanos y tendencia innata en los seres vivos, que tiene un alto valor para la supervivencia, a pesar de que no tiene ningún prestigio moral en nuestra cultura, fundamentada en el sufrimiento, al que se relaciona con lo aceptable moralmente e incluso "rentable" -aunque haya que esperar "a la otra vida" en la mayoría de los casos-), al valorar ciertos comportamientos como recomendables, deseables.  Lo bello sería así todo lo que nos hace esperar cosas buenas y deseables para nuestra vida.  Las diferentes valoraciones que cada cual hace de los diversos estímulos, considerándolos bellos o no,  se explicarían en función de las distintas experiencias vitales así como por el aprendizaje de cada individuo y lo que considera deseable o no, sus expectativas, sus valores, etc.


¿Aunque, vaya, me asalta la duda... porque si esto me parece más o menos claro en un nivel humano, si pienso en una tormenta, por ejemplo, a pesar de su potencial destructivo creo que me parecería hermosa, incluso hermosísima, aunque, desde luego, sería premisa indispensable para ello no estar a su merced. ¿Será porque lo relaciono con el arte, aunque este no sea siempre bello, como puso de relieve Duchamp con "La fontaine" o Goya, mucho antes? ¿Será una especie de sublimación? ¿Será que la corteza orbitofrontal posee otras funciones todavía por descubrir? ¿Será...? No sé...ay, no sé.

La belleza ha ocupado a grandes pensadores, entre los que basta citar a Kant o Leonardo Da Vinci para dar una idea de la envergadura de su importancia y complejidad. Ishizu y Zeki han cargado más la tinta en el aspecto subjetivo, bajándola del panteón de las "ideas", haciéndola más humana, hecho que ha ayudado, creo, a plantear un cambio de perspectiva que, si no preciso del todo, en mi opinión,  amplía, sin ninguna duda, el campo de observación. Así pues, a mi modo de ver, el elemento subjetivo no puede descartarse, está presente, condicionado por el aprendizaje previo de cada individuo y su experiencia directa o vicaria con el objeto, pero no pueden descartarse los valores objetivos del mismo, por cuanto tienen un valor, objetivable, relacionado con la supervivencia, si hemos de prestar atención al hecho señalado arriba de que ese "criterio" o "sentimiento" o "emoción" que llamamos "belleza" se refleja en una zona del cerebro (la zona orbitofrontal medial (COFm) en la que decidimos la conveniencia o no de nuestras acciones, después de escuchar a nuestro cerebro emocional, como ha puesto de relieve A. Damasio,  a partir de un estudio detallado del "caso Phineas Gage". Lo bello existe, eso parece demostrado por Ishizu y Zeki (se "ve" en el cerebro) y, seguramente, cada vez estamos más cerca de saber con exactitud por qué algunas cosas nos parecen bellas y otras no y por qué el consenso muchas veces es universal y por qué no siempre es así. Y, tal vez, finalmente  la respuesta esté en una interrelación de factores tanto subjetivos como objetivos sin que sea posible separarlos.



Por asomarme al otro polo del continuo, la fealdad, si comparamos nuestra respuesta cerebral ante lo feo, curiosamente esta no se produce en la corteza frontal (con lo que para nuestro cerebro serían respuestas de diferente nivel jerárquico, con diferentes significado y valor adaptativo), sino en zonas más primitivas en el desarrollo filogenético, y más directamente relacionadas con respuestas automáticas (aspecto importante) de supervivencia, como son la amígdala,  que daría un valor emocional, negativo en este caso, al estímulo, y la corteza somatomotora izquierda que controlaría los movimientos del cuerpo para dar respuesta al estímulo aversivo. Lo que, aunque a un nivel más primitivo,  más automático, menos reflexivo y elaborado, vincularía también lo feo con la conducta y la moral.

Y mientras esperamos a los cyborgs de Warwick (¿llegarán? ¿no llegarán?) y sus capacidades telepáticas (¿podremos evaluar entonces el nivel ético de un político, por ejemplo, al observar qué estímulos iluminan su COF? ¿Veremos expuesta sin remedio nuestra intimidad ético-estética sin posibilidad de refugio? Si la primera posibilidad parece deseable, la segunda es altamente inquietante.  Mientras esperamos, digo,  me quedo a soñar cómo sería un mundo en el que en lugar de dinero y poder se buscara belleza, acompañada de L.E. Aute y su iluminada canción "La Belleza". De paso, a ver qué se me ocurre para poner mi granito de arena y hacer de este mundo un lugar más (revolucionariamente) bello, que ilumine la COF de los que la tienen "apagada"  ;).


Míralos, como reptiles,


Autorretrato de L.E. Aute
al acecho de la presa,


negociando en cada mesa

maquillajes de ocasión;

siguen todos los raíles

que conduzcan a la cumbre,

locos por que nos deslumbre

su parásita ambición.

Antes iban de profetas

y ahora el éxito es su meta;

mercaderes, traficantes,

mas que nausea dan tristeza,


no rozaron ni un instante la belleza


*Artículo visto en: thoughts on thoughts
Imágenes: wikipedia
Autorretrato de L.E. Aute: web

miércoles, 18 de abril de 2012

NONSENSES

anoche me desvelé: desperté en un sueño de arena y cielo, de inmensas dunas, de simas y cimas de vértigo. todo era tiempo e infinitos espacios de azules celestes que no son solo claros, pero el español no sabe nombrarlos. todo era tiempo, con tanta arena...y espacio que yo surcaba al impulso de mi pensamiento, ahora más rápido, después más lento, leyendo en cada curva, depresión, recodo, altura, abismo... historias eternas y únicas, efímeras al  arbitrio de la brisa o de huracanados vientos. mi lengua no me permite nombrar las maravillas que vi, tendría que inventar palabras nuevas y sola no puedo, aunque puedo intentarlo con una de ellas:  en un rincón enorme, expuesto a las sombras del silencio e iluminado por la luna (que aquella noche para mí tenía nombre de duna azul), descubrí un beso de arena (al que mi corazón inmediatamente llamó "besare"). me miraba y me preguntó cómo podía moverme de la manera en que lo hacía. no entendí su pregunta, como tampoco que un beso pudiera hablar  conmigo y que yo pudiera verlo, así que me detuve y le pregunté si era de verdad un beso, a lo que me respondió, con gesto de sorpresa, que no era un beso sino "unao beso". cómo es eso, le respondí extrañada. laos besos de arena tenemos dos sexos, ¿vosotraos no? me respondió. no entiendo, le dije cada vez más confusa. "ven, descansa, te invito a un rayo de luna", me dijo con una sonrisa titilante. y acepté. probé por primera vez el sabor de la  luna (besare me dijo cómo hacerlo) y ya no pude levantarme...nos entretuvimos charlando varios tiempos, aunque en realidad fueron eones, de innúmeras lunas. cuánto aprendí con ellaèl (que así se llamaba realmente aunque para mí siempre será besare). me habló de muchas cosas y yo escuchaba. me dijo el nombre de la luna de nuestro encuentro, "duna" (y aunque insistí en que también era azul, me aseguró que lo veía así porque mis ojos y mi cerebro no se habían adaptado todavía al mundo de la arena, y me aseguró que solo era duna y que, aquella noche, no tenía color),  y el de las lunas anteriores, todos ellos guardados fielmente en sus partículas de sílice; cada noche una luna nueva, siempre llena en el reflejo de sus cuarzos, y un nombre; me explicó cómo en su mundo con cada luna se volvían más brillantes y que de esa manera contaban sus edades, que eran inmensas. me contó también su historia y la de laos suyaos. me dijo que en su lado izquierdo tenían un corazón, vibrante, que, cada vez que se disolvían en el transcurso de su existencia, volvía a darles forma y vida y que en el instante en que se volvían labios eran también besos, como en un sístole-diástole que los llevaba de una dimensión a otra, de la forma al acto y viceversa, trasunto ontológico que me explicó con infinita paciencia (la que da el desierto y los océanos de arena), pues yo no podía entender. me habló de sus nombres. todos se llamaban ellaèl y se distinguían por la partícula que perfilaba la comisura de sus labios en cada sístole y que, me dijo, era imprescindible estar muy atento para no confundirse al nombrarlaos pues la diástole movía dicha partícula de modo que nunca era la misma. así en una sístole podía llamarse ellaèl-zafiro y en la siguiente, ellaèl-esmeralda. solo las partículas del corazón eran constantes y de ese modo cadao unao guardaba ese matiz que lao hacía únicao. y así pasamos tiempos y tiempos y aprendí a conocerlaos y al hacerlo recordé muchos adjetivos que en mi mundo, donde todo tenía un precio y solo se conocían las cosas por el suyo, habían dejado de usarse, y  aprendí otros como: calilado, firsuá, titisís, titidiás, azurillo, demeloz y muchos más.

al conocer cómo eran laos besos de arena y su extraño modo de nombrarse, quise hablarle de las lenguas de mi mundo, pero solo podía pensar en lxs que, dicen lxs humanxs muy seguros, no poseen esa capacidad: lxs animales. quise hablarle de sus  guaus, grrrs, muuuus, miaus, cua-cuas, kikirikis,  y de la naturaleza vocálica y gutural de sus discursos,  aunque también quise decirle que de algunxs de ellxs se asegura que pronuncian otros sonidos, como la /p/ los pájaros, pues¿no decimos que dicen "pío, pío"? y la /m/ los gatos, cuando afirmamos que dicen "miau", sin darnos cuenta de que en ambos casos deben usarse los labios articulándolos; y, desde anoche, no dejo de preguntarme cómo se  puede decir /p/ con pico. en mi experiencia con los gatos, como gengis cat casi nunca dice "miau" y, además, tardó mucho en decir algo parecido (es que está enamorado de la /e/, para la que tiene un registro casi infinito) pues no me he fijado en sus labios. lo cierto es que lxs humanxs no nos ponemos de acuerdo sobre la naturaleza de los sonidos que pronuncian y, dependiendo de la lengua que usemos, oímos unos sonidos u otros, aunque todxs están de acuerdo, y no lo dudan ni un momento, en que lxs animales no tienen lenguaje... quise decírselo a ellaèl, decirle que esas conclusiones me parecían muy apresuradas y descuidadas y preguntarle su opinión, pero en ese momento me desperté y pensé... pero ya no tenía sentido.


mi amigao besare no me dejó hacerle una foto...así que imagínenlao ustedes. yo les dejo este maravilloso dibujo del principito, no se me ocurre mejor metáfora, aunque pueden modificarlo cuanto quieran para imaginar a ellaèl, que cuando más me gustaba era cuando en su comisura brillaba una piedra azul nunca vista por aquí y que yo llamaba "azarí" siempre que le aparecía (nunca te olvidaré ellaèl-azarí) . yo le pongo muchos rayos alrededor, pues brillaba mucho:


lunes, 16 de abril de 2012

viernes, 13 de abril de 2012

LETRA QUE FUE CREADA, INDESCIFRABLE Y COTIDIANA

[...]

La historia que he narrado aunque fingida,
Bien puede figurar el maleficio
De cuantos ejercemos el oficio
De cambiar en palabras nuestra vida.

Siempre se pierde lo esencial. Es una
Ley de toda palabra sobre el numen.
No la sabrá eludir este resumen
De mi largo comercio con la luna.

No sé dónde la vi por vez primera,
Si en el cielo anterior de la doctrina
Del griego o en la tarde que declina
Sobre el patio del pozo y de la higuera


[...]

Pensaba que el poeta es aquel hombre
Que, como el rojo Adán del Paraíso,
Impone a cada cosa su preciso
Y verdadero y no sabido nombre,

Ariosto me enseñó que en la dudosa
Luna moran los sueños, lo inasible,
El tiempo que se pierde, lo posible
O lo imposible, que es la misma cosa.

De la Diana triforme Apolodoro
Me dejo divisar la sombra mágica;
Hugo me dio una hoz que era de oro,
Y un irlandés, su negra luna trágica.

Y, mientras yo sondeaba aquella mina
De las lunas de la mitología,
Ahí estaba, a la vuelta de la esquina,
La luna celestial de cada día

Sé que entre todas las palabras, una
Hay para recordarla o figurarla.
El secreto, a mi ver, está en usarla
Con humildad. Es la palabra luna.

Ya no me atrevo a macular su pura
Aparición con una imagen vana;
La veo indescifrable y cotidiana
Y más allá de mi literatura.

Sé que la luna o la palabra luna
Es una letra que fue creada para
La compleja escritura de esa rara
Cosa que somos, numerosa y una.

Es uno de los símbolos que al hombre
Da el hado o el azar para que un día
De exaltación gloriosa o de agonía
Pueda escribir su verdadero nombre.


La luna (Jorge Luis Borges)


apud  "Taller Filosófico Sociológico"