lunes, 27 de febrero de 2012
jueves, 23 de febrero de 2012
TLÖN, O (DE LOS MONOSÍLABOS) DEL PERFLUIR
"[...] Su lenguaje y las derivaciones de su lenguaje -la religión, las letras, la metafísica- presuponen el idealismo. El mundo para ellos no es un concurso de objetos en el espacio; es una serie heterogénea de actos independientes. Es sucesivo, temporal, no espacial. No hay sustantivos en la conjetural Ursprache de Tlön, de la que proceden los idiomas "actuales" y los dialectos: hay verbos impersonales, calificados por sufijos (o prefijos) monosilábicos de valor adverbial. Por ejemplo: no hay palabra que corresponda a la palabra luna, pero hay un verbo que sería en español lunecer o lunar. Surgió la luna sobre el río se dice hlör u fang axaxaxas mlö o sea en su orden: hacia arriba (upward) detrás duradero-fluir luneció. (Xul Solar traduce con brevedad: upa tras perfluyue lunó. Upward, behind the onstreaming, it mooned.)
![]() |
| Tierranar (by Chema Nieto) |
Lo anterior se refiere a los idiomas del hemisferio austral. En los del hemisferio boreal (de cuya Ursprache hay muy pocos datos en el Onceno Tomo) la célula primordial no es el verbo, sino el adjetivo monosilábico. El sustantivo se forma por acumulación de adjetivos. No se dice luna: se dice aéreo-claro sobre oscuro-redondo anaranjado-tenue-del cielo o cualquier otra agregación. En el caso elegido la masa de adjetivos corresponde a un objeto real; el hecho es puramente fortuito. En la literatura de este hemisferio (como en el mundo subsistente de Meinong) abundan los objetos ideales, convocados y disueltos en un momento, según las necesidades poéticas. Los determina, a veces, la mera simultaneidad. Hay objetos compuestos de dos términos, uno de carácter visual y otro de carácter auditivo: el color del naciente y el remoto grito de un pájaro. Los hay de muchos: el sol y el agua contra el pecho del nadador, el vago rosa trémulo que se ve con los ojos cerrados, la sensación de quien se deja llevar por un río y también por el sueño. Esos objetos de segundo grado pueden combinarse con otros; el proceso, mediante ciertas abreviaturas, es prácticamente infinito. [...] El hecho de que nadie crea en la realidad de los sustantivos hace, paradójicamente, que sea interminable su número. Los idiomas del hemisferio boreal de Tlön poseen todos los nombres de las lenguas indoeuropeas y otros muchos más." (Jorge Luis Borges, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius)
domingo, 12 de febrero de 2012
FLOWER ROOM (BABAHUAGO)
The Mosuo are a matrilineal, agricultural people, passing
property and family name from mother to daughter(s), so the household revolves
around the women. When a girl reaches maturity at about thirteen or fourteen,
she receives her own bedroom that opens both to the inner courtyard of the
house and to the street through a private door. A Mosuo girl has complete
autonomy as to who steps through this private door into her babahuago (flower
room). The only strict rule is that her guest must be gone by sunrise. She can
have a different lover the following night—or later that same night—if she
chooses. There is no expectation of commitment, and any child she conceives is
raised in her mother’s house, with the help of the girl’s brothers and the rest
of the community.”
Ryan, Christopher, and Cacilda Jethá. Sex at Dawn: the Prehistoric
Origins of Modern Sexuality. New York: Harper, 2010. Print.
domingo, 5 de febrero de 2012
THREADS
sábado, 4 de febrero de 2012
EL GRAN TABÚ I
Tengo la sospecha de que, a pesar del discurso, la menstruación sigue siendo todavía un gran tabú y no solo en sociedades donde se continúa la práctica de costumbres que tal vez se remontan a la noche de los tiempos, sino también en aquellas en las que se considera superado dicho tabú. No sólo es tema sobre el que se pasa rápidamente (no sé si los hombres cuando están solos hablan de ello ni en qué tono lo hacen, pero, como mujer, mi impresión es la de no haber hablado mucho sobre este asunto con otras mujeres y, desde luego, no haberme reído sanamente de él), sino que todavía se siguen manteniendo ideas sobre la suciedad de la misma. Recuerdo, como ejemplo, haber oído opiniones, en apariencia elogiosas hacia las mujeres, pero solo en apariencia, sobre que las mujeres vivimos más porque cada mes eliminamos desechos de nuestro cuerpo que no pueden eliminar los hombres o, como me ocurrió hace poco que, hablando con un conocido acerca de un problema de olores alcantarillescos, a un comentario mío sobre la asquerosidad de dichos olores me dijo: "Luisa, cómo puedes decir eso, si vosotras cada mes...". Ni que decir tiene que no supe qué decir y opté por hacer como que no había oído nada. Vaya, y estoy hablando de un hombre con estudios universitarios que no llega a los 35 años. En fin. Tengo que reconocer que, al menos, estaba desinhibido y hablaba del tema, aunque con claro desacierto. Se le puede entender si tenemos en cuenta que la idea no es suya pues la palabra "purgación" (procedimiento por el que se limpia el cuerpo de algo que le resulta perjudicial), según recoge el DRAE en su segunda acepción, significa también "menstruación": "Sangre que de forma natural evacuan las mujeres todos los meses, y después de
haber parido". Como se trata de un tema escatológico para muchos, no me cortaré y diré que me parece que es más fácil encontrar una foto con una mierda que una de compresas o paños higiénicos con sangre menstrual. Me parece, y no creo equivocarme, que no hay mancha que más se oculte que la de una falda o pantalón manchados (valga la redundancia) de dicha sangre (bueno, la de semen también se oculta y, aunque esto señala igualmente una ideología progenésica subyacente, como explicaré enseguida en el caso de la mancha menstrual, tiene implicaciones de muy distinto signo para los hombres). Incluso el verbo "manchar" se usa con pretendida intención eufemística para aludir al comienzo del sangrado menstrual (curiosamante, el mismo eufemismo(?) se usa cuando se habla del comienzo de un aborto, evitándose cualquier referencia a la palabra sangre y sus cognados). No seguiré por aquí ("inmaculada concepción", "sin mancha") ...pero sí me gustaría decir que considerar la sangre menstrual como una sangre contaminada y sucia no se basa en niguna realidad fisiológica hasta donde yo sé. Considerar que las células endometriales que el útero produce para acoger al futuro feto (que no tardará en ser unx hermosx bebé incluso dentro del seno materno, aunque, continúe llamándose feto -palabra cargada de fuertes connotaciones negativas- hasta que lo abandone) y que son expulsadas del cuerpo femenino cuando no se ha producido la concepción, considerar dichas células, digo, sucias, me parece, cuando menos, un claro fracaso en la pretendida educación sexual que se imparte en las escuelas en su esfuerzo por aclarar todo lo relacionado con la realidad sexual humana. Si me equivoco en estas apreciaciones mías creo que, lejos de ser un argumento en contra de mi sospecha de que la menstruación sigue siendo un tabú, son un ejemplo de que es un tema del que no se habla con claridad ni con naturalidad ni espontaneidad y sobre el que cada uno piensa lo que puede, imaginando que su opinión es compartida por todxs cuando lo cierto es que se deja a la libre imaginación de cada cual. En cualquier caso, tal vez no sean más que impresiones mías, no me voy a empecinar (aunque sospecho que más producirán indignación, asombro, asco, incomodidad que deseo de hablar de este tema como se hablaría de casi de cualquier otro).
EL GRAN TABÚ II
Es digno de sañalar que en nuestra época las mujeres tenemos más periodos menstruales que en ninguna otra época de la historia (hecho que algunas tratan de evitar con terapias hormonales si hemos de hacer caso a los medios de comunicación que, hace ya algún tiempo, hablaban de esta posibilidad) y esta es una realidad que pasa desapercibida a pesar de la significación que posee para la especie. Personalmente, como mujer, si he de reconocer que resulta un tanto incómodo llevar una compresa, bastante menos un tampón, no creo que sea como para querer evitar esta parte del ciclo reproductivo, francamente, ni como para desear ser un hombre para no pasarlo. No obstante, en cuanto miramos con un poco de detenimiento cómo se ha considerado históricamente la menstruación, este deseo de algunas mujeres (tal vez más de las que pensamos) de "no tener el periodo" encuentra una fuerte justificación y un posible origen en las costumbres de muchos pueblos (¿tal vez todos?). Mencionaré sólo tres. El más conocido en nuestra tradición es, creo, el de las mujeres judías que según la Biblia deben abandonar el campamento y residir fuera de él hasta que concluya el sangrado, aisladas de los demás (y esto del aislamiento me parece de una significación importantísma). El segundo caso es el de la costumbre nepalí de encerrar a las niñas en su menarquía en una habitación oscura durante doce días en los que no podrán tener contacto con ningún miembro masculino de su familia, ni siquiera su padre o hermanos. El tercer caso es el de algunas tribus indonesias en las que las mujeres son llevadas a una cabaña cuando, después de casadas, tienen el periodo.
Son muchos los aspectos que pueden comentarse sobre estas prácticas, pero me detendré únicamente en el factor del aislamiento, elemento común a todas las que he mencionado. La práctica nepalí me parece las más traumática de todas ellas. Hoy se sabe que el aislamiento es uno de los factores que puede generar estrés y, de hecho, puede resultar gravemente perjudicial para el bienestar emocional de un niño cuando aquel supera determinado tiempo, que se cuenta en minutos. Yo trato de imaginarme qué puede sentir una niña de 10, 11 ó 12 años cuando descubre que al sangrar por sus genitales, de los que seguramente no ha sido demasiado consciente hasta ese momento, es aislada en un cuarto oscuro (recuerdo que en mi infancia se nos amenazaba con llevarnos al cuarto oscuro si nos portábamos mal, amenaza que nos daba bastantante miedo) y se le prohíbe ver a su padre y a sus hermanos. Tengo la sensación de que el efecto menos perverso de dicha costumbre ritual será el de generar una auténtica aversión a la menstruación y no desear volver a pasarla nunca más. ¿Qué utilidad puede tener esto para el grupo? ¿Cómo se ha podido llegar a una práctica tan despiadada para las casi todavía niñas? ¿Por qué después de casadas las mujeres son llevadas a una cabaña cuando tienen el periodo o expulsadas fuera del campamento lejos de los hombres? La justificación ideológica es, entre los judíos, que en este momento las mujeres son impuras y una fuente de contaminación (desconozco la justificación o explicación de las otras dos costumbres mencionadas, pero me imagino que será parecida).
Son muchos los aspectos que pueden comentarse sobre estas prácticas, pero me detendré únicamente en el factor del aislamiento, elemento común a todas las que he mencionado. La práctica nepalí me parece las más traumática de todas ellas. Hoy se sabe que el aislamiento es uno de los factores que puede generar estrés y, de hecho, puede resultar gravemente perjudicial para el bienestar emocional de un niño cuando aquel supera determinado tiempo, que se cuenta en minutos. Yo trato de imaginarme qué puede sentir una niña de 10, 11 ó 12 años cuando descubre que al sangrar por sus genitales, de los que seguramente no ha sido demasiado consciente hasta ese momento, es aislada en un cuarto oscuro (recuerdo que en mi infancia se nos amenazaba con llevarnos al cuarto oscuro si nos portábamos mal, amenaza que nos daba bastantante miedo) y se le prohíbe ver a su padre y a sus hermanos. Tengo la sensación de que el efecto menos perverso de dicha costumbre ritual será el de generar una auténtica aversión a la menstruación y no desear volver a pasarla nunca más. ¿Qué utilidad puede tener esto para el grupo? ¿Cómo se ha podido llegar a una práctica tan despiadada para las casi todavía niñas? ¿Por qué después de casadas las mujeres son llevadas a una cabaña cuando tienen el periodo o expulsadas fuera del campamento lejos de los hombres? La justificación ideológica es, entre los judíos, que en este momento las mujeres son impuras y una fuente de contaminación (desconozco la justificación o explicación de las otras dos costumbres mencionadas, pero me imagino que será parecida).
EL GRAN TABÚ III
Si se piensa bien, esta práctica tiene una clara utilidad de cara a la reproducción: no me voy a centrar en la que tiene en un sistema patriarcal para mantener sometidas a las mujeres, no porque no crea que no la tiene, sino por plantear el tema desde una perspectiva distinta y porque considero que la realidad es compleja y las maneras de verla diversas. No creo que se trate tanto de culpar y señalar como de entender por qué ciertas cosas han llegado a ser como son.
¿De qué forma podían evitar las mujeres este ostracismo? Evidentemente, evitando la menstruación. ¿De qué forma se podía evitar esta? Evidentemente, quedándose embarazada y amamantando a sus niñxs. A poco que se piense, es fácil imaginar que una niña o una mujer que es expulsada, aislada del grupo, haya preferido, a cualquier otra alternativa de proyecto vital quedarse embarazada y evitar así la menstruación y con ella el aislamiento. En épocas en que la especie estaba seriamente amenazada por un entorno hostil puede comprenderse la utilidad de que las mujeres parieran hijos como actividad prioritaria y que no hacerlo fuera visto como una maldición por cuanto lo que estaba en juego era la supervivencia del grupo. En épocas en que la dinámica social giraba en torno a la guerra y esto ha sido así hasta hace bien poco (valga como ejemplo extremo en el siglo XX, sin ir más lejos, el hecho de que esta filosofía fue defendida por los fascismos), el que las mujeres dedicaran su vida fértil a parir hijos era visto como la única posibilidad aceptable. En estos contextos, tener la menstruación significaba que una mujer no estaba "ocupada" en su tarea principal de procrear. Incluso en épocas de bonanza y de paz, en muchas sociedades todavía, los hijos proporcionan a sus progenitores la garantía de una vida más próspera y un seguro para la vejez. En otro orden de cosas, en sociedades donde la superestructura de la civilización ha liberado a la humanidad de los procesos más primarios de la supervivencia, se observa cómo esta priorización de la procreación y la asignación de la misma a la mujer han continuado aunque el objetivo no fuera ya la mera supervivencia. En el entorno latino, por ejemplo, las palabras "matrimonio" y "patrimonio" dejan vislumbrar la importancia económica y social que la función de procreación, delegada exclusivamente en la mujer, ha supuesto en la acumulación de bienes y obtención de bienestar para el pater familias. El patrimonio, o hacienda, es lo que le corresponde al pater, mientras que el matrimonio, o reconocimiento de la maternidad que obtiene la mujer a través de dicha institución, (maternidad y matrimonio son dos palabras emparentadas) es lo que otorga a esta la legitimidad de sus partos. Fuera del vínculo a un hombre los nacimientos se consideran ilegítimos (no deja de ser perverso, en este nivel, la expropiación de un derecho natural de la mujer con el fin de otorgárselo de nuevo pero dentro de un determinado orden de cosas no natural) . Una vista más de cerca a términos posiblemente emparentados entre sí como familia y fámulo ("un paterfamilias no es un guerrero; es decir, no es aquel que ha organizado su dominium sobre la adquisición de bienes, entre ellos los esclavos, mediante la guerra, sino uno que ha optado por asentar su dominio en la crianza y en la producción", nos dice Mariano Arnal en su diccionario de Amor y Sexo en El Almanaque) pueden darnos una idea de la importancia del clan familiar: una prole numerosa aseguraba bienestar y una mano de obra gratis (situación que se ha invertido en las sociedades industrializadas en las que tener hijos exige un enorme esfuerzo para los padres).
Hoy el panorama ha cambiado radicalmente. En pocos decenios, la población mundial se ha duplicado y la sobrepoblación ha llegado a ser en un brevísimo lapso de tiempo la verdadera amenaza para la especie (y podríamos preguntarnos también si el capitalismo atroz que se nos quiere imponer a toda costa no es una exacerbación de este uso de "esclavos/fámulos/hijos en beneficio de un pater simbolizado en la figura del que dice saber mejor que nosotrxs qué es lo que nos conviene y que dicta e impone las reglas del juego y que nos lleva a un sistema de organización destinado a la autodestrucción en su afán acumulativo). Las mentalidades no cambian tan rápidamente, las ideas recibidas, simplificadas y desligadas de la realidad que las generaron, persisten sin embargo en nuestras vidas como si fueran realidades innegables e incuestionables. La menstruación es sangre sucia y su mancha algo que hay que ocultar como la mancha más vergonzosa de todas. Desgraciadamente, muchas mujeres todavía creen que es así. Yo misma no me atrevo a poner en este blog una foto de una compresa "manchada".
¿De qué forma podían evitar las mujeres este ostracismo? Evidentemente, evitando la menstruación. ¿De qué forma se podía evitar esta? Evidentemente, quedándose embarazada y amamantando a sus niñxs. A poco que se piense, es fácil imaginar que una niña o una mujer que es expulsada, aislada del grupo, haya preferido, a cualquier otra alternativa de proyecto vital quedarse embarazada y evitar así la menstruación y con ella el aislamiento. En épocas en que la especie estaba seriamente amenazada por un entorno hostil puede comprenderse la utilidad de que las mujeres parieran hijos como actividad prioritaria y que no hacerlo fuera visto como una maldición por cuanto lo que estaba en juego era la supervivencia del grupo. En épocas en que la dinámica social giraba en torno a la guerra y esto ha sido así hasta hace bien poco (valga como ejemplo extremo en el siglo XX, sin ir más lejos, el hecho de que esta filosofía fue defendida por los fascismos), el que las mujeres dedicaran su vida fértil a parir hijos era visto como la única posibilidad aceptable. En estos contextos, tener la menstruación significaba que una mujer no estaba "ocupada" en su tarea principal de procrear. Incluso en épocas de bonanza y de paz, en muchas sociedades todavía, los hijos proporcionan a sus progenitores la garantía de una vida más próspera y un seguro para la vejez. En otro orden de cosas, en sociedades donde la superestructura de la civilización ha liberado a la humanidad de los procesos más primarios de la supervivencia, se observa cómo esta priorización de la procreación y la asignación de la misma a la mujer han continuado aunque el objetivo no fuera ya la mera supervivencia. En el entorno latino, por ejemplo, las palabras "matrimonio" y "patrimonio" dejan vislumbrar la importancia económica y social que la función de procreación, delegada exclusivamente en la mujer, ha supuesto en la acumulación de bienes y obtención de bienestar para el pater familias. El patrimonio, o hacienda, es lo que le corresponde al pater, mientras que el matrimonio, o reconocimiento de la maternidad que obtiene la mujer a través de dicha institución, (maternidad y matrimonio son dos palabras emparentadas) es lo que otorga a esta la legitimidad de sus partos. Fuera del vínculo a un hombre los nacimientos se consideran ilegítimos (no deja de ser perverso, en este nivel, la expropiación de un derecho natural de la mujer con el fin de otorgárselo de nuevo pero dentro de un determinado orden de cosas no natural) . Una vista más de cerca a términos posiblemente emparentados entre sí como familia y fámulo ("un paterfamilias no es un guerrero; es decir, no es aquel que ha organizado su dominium sobre la adquisición de bienes, entre ellos los esclavos, mediante la guerra, sino uno que ha optado por asentar su dominio en la crianza y en la producción", nos dice Mariano Arnal en su diccionario de Amor y Sexo en El Almanaque) pueden darnos una idea de la importancia del clan familiar: una prole numerosa aseguraba bienestar y una mano de obra gratis (situación que se ha invertido en las sociedades industrializadas en las que tener hijos exige un enorme esfuerzo para los padres).
Hoy el panorama ha cambiado radicalmente. En pocos decenios, la población mundial se ha duplicado y la sobrepoblación ha llegado a ser en un brevísimo lapso de tiempo la verdadera amenaza para la especie (y podríamos preguntarnos también si el capitalismo atroz que se nos quiere imponer a toda costa no es una exacerbación de este uso de "esclavos/fámulos/hijos en beneficio de un pater simbolizado en la figura del que dice saber mejor que nosotrxs qué es lo que nos conviene y que dicta e impone las reglas del juego y que nos lleva a un sistema de organización destinado a la autodestrucción en su afán acumulativo). Las mentalidades no cambian tan rápidamente, las ideas recibidas, simplificadas y desligadas de la realidad que las generaron, persisten sin embargo en nuestras vidas como si fueran realidades innegables e incuestionables. La menstruación es sangre sucia y su mancha algo que hay que ocultar como la mancha más vergonzosa de todas. Desgraciadamente, muchas mujeres todavía creen que es así. Yo misma no me atrevo a poner en este blog una foto de una compresa "manchada".
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