sábado, 4 de febrero de 2012

EL GRAN TABÚ III

Si se piensa bien, esta práctica tiene una clara utilidad de cara a la reproducción: no me voy a centrar en la que tiene en un sistema patriarcal para mantener sometidas a las mujeres, no porque no crea que no la tiene, sino por plantear el tema desde una perspectiva distinta y porque considero que la realidad es compleja y las maneras de verla diversas. No creo que se trate tanto de culpar y señalar como de entender por qué ciertas cosas han llegado a ser como son.

¿De qué forma podían evitar las mujeres este ostracismo? Evidentemente, evitando la menstruación. ¿De qué forma se podía evitar esta? Evidentemente, quedándose embarazada y amamantando a sus niñxs. A poco que se piense, es fácil imaginar que una niña o una mujer que es expulsada, aislada del grupo, haya preferido,  a cualquier otra alternativa de proyecto vital quedarse embarazada y evitar así la menstruación y con ella el aislamiento.  En épocas en que la especie estaba seriamente amenazada por un entorno hostil puede comprenderse la utilidad de que las mujeres parieran hijos como actividad prioritaria y que no hacerlo fuera visto como una maldición por cuanto lo que estaba en juego era la supervivencia del grupo. En épocas en que la dinámica social giraba en torno a la guerra  y esto ha sido así hasta hace bien poco (valga como ejemplo extremo en el siglo XX, sin ir más lejos, el hecho de que esta filosofía fue defendida por los fascismos), el que las mujeres dedicaran su vida fértil a parir hijos era visto como la única posibilidad aceptable. En estos contextos, tener la menstruación significaba que una mujer no estaba "ocupada" en su tarea principal de procrear.  Incluso en épocas de bonanza y de paz, en muchas sociedades todavía, los hijos proporcionan  a sus progenitores la garantía de una vida más próspera y un seguro para la vejez. En otro orden de cosas, en sociedades donde la superestructura de la civilización ha liberado a la humanidad de los procesos más primarios de la supervivencia, se observa cómo esta priorización de la procreación y la asignación de la misma a la mujer han continuado aunque el objetivo no fuera ya la mera supervivencia. En el entorno latino, por ejemplo,  las palabras "matrimonio" y "patrimonio" dejan vislumbrar la importancia económica y social que la función de procreación, delegada exclusivamente en la mujer, ha supuesto en la acumulación de bienes y obtención de bienestar para el pater familias. El patrimonio, o hacienda, es lo que le corresponde al pater, mientras que el matrimonio, o  reconocimiento de la maternidad que obtiene la mujer a través de dicha institución,  (maternidad y matrimonio son dos palabras emparentadas) es lo que otorga a esta la legitimidad de sus partos. Fuera del vínculo a un hombre los nacimientos se consideran ilegítimos (no deja de ser perverso, en este nivel, la expropiación de un derecho natural de la mujer con el fin de otorgárselo de nuevo pero dentro de un determinado orden de cosas no natural) . Una vista más de cerca a términos posiblemente emparentados entre sí como familia y fámulo  ("un paterfamilias no es un guerrero; es decir, no es aquel que ha organizado su dominium sobre la adquisición de bienes, entre ellos los esclavos, mediante la guerra, sino uno que ha optado por asentar su dominio en la crianza y en la producción", nos dice Mariano Arnal en su diccionario de Amor y Sexo en El Almanaque) pueden darnos una idea de la importancia del clan familiar: una prole numerosa aseguraba bienestar y una mano de obra gratis (situación que se ha invertido en las sociedades industrializadas en las que tener hijos exige un enorme esfuerzo para los padres).

Hoy el panorama ha cambiado radicalmente. En pocos decenios, la población mundial se ha duplicado y la sobrepoblación ha llegado a ser en un brevísimo lapso de tiempo la verdadera amenaza para la especie (y podríamos preguntarnos también si el capitalismo atroz que se nos quiere imponer a toda costa no es una exacerbación de este uso de "esclavos/fámulos/hijos en beneficio de un pater simbolizado en la figura del que dice saber mejor que nosotrxs qué es lo que nos conviene y que dicta e impone las reglas del juego y que nos lleva a un sistema de organización destinado a la autodestrucción en su afán acumulativo).  Las mentalidades no cambian tan rápidamente, las ideas recibidas, simplificadas y desligadas de la realidad que las generaron,  persisten sin embargo en nuestras vidas como si fueran realidades innegables e incuestionables. La menstruación es sangre sucia y su mancha algo que hay que ocultar como la mancha más vergonzosa de todas. Desgraciadamente, muchas mujeres todavía creen que es así. Yo misma no me atrevo a poner en este blog una foto de una compresa "manchada".

3 comentarios:

  1. Lo peor de los tabués (bueno, lo peor... pongamos que una de las cosas malas) es que ha llevado a descuidar la investigación sobre los dolores de la regla. Por suerte igual va cambiando la cosa, mira aquí: http://www.20minutos.es/noticia/1358212/0/patologia-utero/dolores-menstruales/intervencion-quirurgica/

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    1. hay formas sutiles de robo y formas que violan todos los derechos humanos:

      http://www.bbc.co.uk/mundo/movil/noticias/2012/04/120412_esterilizaciones_forzadas_uzbekistan_adz.shtml

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  2. interesante enlace y esperanzadora noticia :))). muchas gracias, josé ángel.

    el útero, ese gran desconocido, progenésicamente ensalzado y falsamente "protegido" con expresiones como "cosas de mujeres" (de claro doble sentido), le ha sido hurtado a la mujer de múltiples formas. siempre que oigo a una mujer decir de otra o de sí misma que la "vaciaron", como si fuera algo sin importancia cuando ya no se piensa o no se espera tener (más) hijos, me estremezco.

    este otro enlace tampoco está mal: http://pulposymedusas.blogspot.com.es/2009/03/parto-orgasmico-testimonio-de-mujer-y.html

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